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El mundo de Arche – Cuerpos celestes

Desde la aparición de los primeros seres inteligentes en las facetas del mundo, sus ojos se elevaron y quedaron maravillados por el cielo y lo que en él veían.

El principal cuerpo celeste es el Sol. Da luz, calor y emite la Energía que baña al mundo y que lo mantiene dinámico. El Sol se mueve por el firmamento siguiendo un complejo patrón. En todo momento el Sol ilumina una, dos o tres facetas del mundo. En una faceta iluminada el día es igual en toda su extensión. En las facetas no iluminadas, no llega nada de luz solar.

Los siguientes cuerpos celestes en importancia son las cuatro lunas del mundo. Sobre cada faceta hay una luna compuesta principalmente del elemento principal de la faceta. Las lunas giran sobre su faceta en un ciclo estable, en el que se suelen basar muchos calendarios.

La luna de Ignis es una gran bola de fuego, que mantiene iluminado Ignis continuamente, aunque cuando el Sol se pone la luz de la luna resulta más débil y anaranjada.

La luna de Noah es una gran bola de tierra y piedra. De noche, según su posición y la del Sol, puede reflejar parte de su luz e iluminar levemente la faceta.

La luna de Aquo es una gran bola de agua dulce. De ella cae una lluvia continua sobre Aquo que sigue el movimiento lunar. Al igual que la luna de Noah puede reflejar la luz del Sol, pero la luz que produce varía en color y, muchas veces, crea un patrón arcoirís por toda la faceta, sea de noche o de día.

La luna de Bris sólo puede ser vista de día. Es una concentración de aire y gases que produce un efecto de distorsión al verla de día.

El resto del firmamento sólo se aprecia por completo de noche, cuando el sol no puede ocultar el brillo de innumerables estrellas y de los Errantes, luces similares a estrellas que se desplazan de modo regular por el firmamento.

Gracias a telescopios, se pudo comprobar que los Errantes son cuerpos más cercanos que las estrellas. Parecen ser otros mundos, pero de formas distintas.

Como el mundo rota sobre sus cuatro ejes estrellas y Errantes acaban siendo visibles desde todas las facetas, y son unos de los pocos elementos compartidos por las culturas de todas las facetas.